Llegamos cansados, con los pies hechos polvo, con el sabor a brisa del mar mediterráneo y con sonrisas cómplices que delataban lo bien que la hemos pasado. Como lo ha resumido mi nuevo jefe en nuestra breve conversación telefónica: “Barcelona has it all, culture, good weather, a beautiful coast, mountains and great food!”. Sólo olvidó lo más importante, el idioma, que para mi fue la mayor delicia. Y cómo no sentirte bien cada vez que alternas con alguien por primera vez? o cuando entras a un bar, a pedir un capuccino, o una cerveza y tapas: "si, por favor, calamar y pulpitos estarán bien", wow!
Y asi, tratando de devolverme lo intrínseco pasé por la librería junto al hotel, una fiesta! Antes de volver, mi última adquisición fue en una tienda de libros al paso, en medio del aeropuerto. Buscando entre novelas de moda, vi en una portada de color melón desvaído la foto de una nena. Parecía una recién nacida. El título: Un milagro en equilibrio. Promocionabanla como ganadora del premio Planeta 2004, lo cual no precisamente augura calidad literaria, ni mucho menos linguística, sobre todo en los útimos tiempos, y eso que de ambos temas se muy poco. Al revisarla me enteré que narra la historia de Eva, una escritora, quien le dedica una carta más bien honesta y libre de secretos a su hija recién nacida. Y la va alternando con historias que describen su percepción mayormente crítica de la sociedad, al mismo tiempo que con reflexiones acerca de su familia y sobre su historia personal: caótica y enmarañada pero al final milagrosa. Tentada, la hojeé y me llamó la atención el siguiente párrafo que al final terminó por decidirme a comprar la premiada carta-novela-ensayo. Sip, la 'novela' es más bien una mezcla de varios estilos. Dicen que somos lo que leemos, pues que así sea!
Fragmento de "Un milagro en equilibrio" (Autor: Lucía Etxebarria)
“Pero no era de mis gustos musicales de los que quería hablarte al mencionar aquella canción, sino de porque tanta gente se siente dos dentro de uno, de porque yo siempre me he sentido dos. Una, mi yo esencial, la persona que verdaderamente soy bajo todas esas capas de cebolla de disfraces y convenciones sociales que se superponen unas a otras y esconden lo que hay en el interior, en mi centro mismísimo, en el circulo último y oscuro: una criatura escondida que se alza intacta desde las memorias de la infancia, sosteniendo como puede el peso de mi vida y de las secretas razones que la mueven. Y la otra, la persona que no soy pero que siempre creí ser a partir de lo que los demás decían que era: un absoluto y auténtico desastre. Eva (la desastre...) a pesar de todo no era exactamente lo que los demás creían. Y eso supongo les pasa a todos. Y también te pasará a ti, porque nadie, ninguno de nosotros, constituye un todo material y tajantemente construido, idéntico para todo el mundo y sobre el que cada uno pueda informarse como si se tratara de una escritura de propiedad o un testamento, sino que cada cual se parece a un caleidoscopio que cambia de forma según quién y dónde se le mire, por mucho que mantenga siempre los mismos elementos que, agrupados, crean los dibujos en los que los demás se recrean; o a una pantalla en los que los otros proyectan sus propias ilusiones, carencias, decepciones y así reconocen antes lo que quieren ver que lo que realmente hay, porque la imagen proyectada no es sino un espejismo inasible, pues lo material sólo es la superficie reflectante que hay debajo”
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abrazo inmenso, sentido, que se haga cálido y llegue hacia puntos lejanos.
Toda
la buena vibra desde aquí,
de vuelta
en la fría
Holanda.
O_o