Para cuando tocó llegar al club Paradiso, que fue antes una iglesia, sólo aluciné que este sería mi lugar favorito para un conciertín de ENIGMA ... a que si ;)
Para cuando tocó llegar al club Paradiso, que fue antes una iglesia, sólo aluciné que este sería mi lugar favorito para un conciertín de ENIGMA ... a que si ;)
He dejado los libros de holandés para buscar en el baúl de las mejores memorias a Slava el metro-payaso que vimos en Amsterdam el año pasado. Hoy lo anduve extrañando y me preguntaba dónde estará. Y es que a diferencia de muchos amigos que no le tienen mucho afecto a estas adorables criaturas, yo siempre amé a los payasos. Desde que tenía 4 y no podían quitarme de encima un payasín de nylon que mi madre tan pulcra se empeñaba en arrebatarme para devolverlo impecable y sin mayor charm.
Slava, eres el mejor recuerdo de mis frías Navidades lejos de casa y he sonreído al saberte en Nueva York, regalando sonrisas a los gringetes. Después de todo bastante más falta les hace a ellos -y a sus cóleras- una entrañable velada de risas y de amor.
Me enteré de Sinterklaas porque mi vecino llegó a mi casa y nos pidió que tocásemos muy fuerte su puerta y luego desapareciéramos. Hoy, ya bien informada del extraño pedido hasta me cae muy bien el famoso Sinter.
Y es que en Holanda el ritual del santo barbudo es asunto serio. Se arma una gran fiesta a su llegada a Holanda y es encantador ver a cientos de pequeños con los rostros pintados, esperando por Sinter que viene en barco desde España, para premiar a los que se portaron bien.
Y... el Santa Claus gringo, ícono de la sociedad del consumo? ...y mi querido Papa Noel? nada que ver, ambas para variar son versiones modernas de antiquísimas leyendas de obispos Licios y magos nórdicos, que resultaron en un número importante de Sinters